lunes, 6 de febrero de 2012

La presentación del cuaderno poético "Ética poética" de María Ruíz Faro, supero  todas las expectativas, el número de asistentes llenó el aforo en pocos minutos, parecía que el silencio era casi imposible, sin embargo cuando la autora comenzó a recitar sus versos en compañía de la violonchelista Carmen María Fernández Ruíz, todos enmudecimos ante su poesía limpia y directa.

PRÓLOGO

Este breve e intenso libro de María Ruíz Faro,
Ética poética, es una afirmación de la libertad
de la vida y de la escritura (“No nos ajustemos a
las formas”) como compromiso social y
también compromiso con el amor, cuya
conquista daría al ser humano la felicidad de
ver que, finalmente, “todo, absolutamente
todo, cambia.” La responsabilidad ética implica
el auto-reconocimiento y el reconocimiento
del otro intermediado por un sentimiento: el
amor.En cuanto a la poética que fundamenta la
representación, el yo poético la muestra en
relación con lo esencial de la palabra: cómo
hablar de la vida, y cómo vivir la vida
excluyendo lo innecesario.
Por ello las metáforas tienen la profundidad
de los conceptos. Es una poesía de conceptos,
pero también de las cosas cotidianas que les
suceden a los seres humanos. Son conceptos
fundamentales para vivir y acercarse a la vida.
Con ellos subtitula las tres partes del libro: Ser,
Deber, Desear. Estos nombres abstractos,
filosóficos, contagian su cualidad a los
nombres concretos. Aquí reside el paradigma
de la vida que nos transmite Ruíz Faro. Con una
gran riqueza expresiva y una notable variedad
de recursos, Ética poética parte de la primera
persona y nos habla del Ser y el Deseo,
recorrido sólo interrumpido por la presencia
del Deber, envuelto en un polivalente nosotros
comunitario.
He dicho riqueza de recursos, y ahí están las
sinestesias (negras mentiras), las paradojas
(“No vemos con los ojos, el mar no nos moja”),
o las anáforas que cambian de signo el sentido
de las palabras (Debemos hacer la
cama….Debemos dinero”).
Y esos nombres abstractos: la alegría, la
esperanza, la felicidad pero también la
diferencia, la violencia, la tristeza, el silencio, la
duda, la nada, el tiempo y sobre todo la mentira,
que se van articulando con los elementos
concretos de la vida: los ojos, los números, y
las palabras, los semáforos, el mar, el sol , la
luna, el reloj y el mágico licor y que los
embellece.
El primer poema, “Decálogo,” universaliza el
mensaje del libro, con ese reiterativo
“Mantenerse.” Es una entrada reflexiva que
luego va abriéndose como un abanico, con
nuevos contenidos y matices, hasta culminar en
la experiencia total de ese último “licor
prohibido” que puede saber a pasión, o a
escritura.
Con firmeza, el yo poético se lanza desde la
confidencia más íntima al campo de los
imperativos éticos: “Vamos a echar toda esta
agua al infierno, a bañarnos en las cuencas de
tus ojos, vamos a sacudirnos el polvo de los
muertos.”
La celebración de la conciencia adquirida por
medio del ejercicio de la libertad, y la resistencia
a obedecer toda exigencia que intente anular
por decreto el derecho a soñar y a vivir la poesía
de la vida son las ideas fundamentales de las
reflexiones de este libro, que concluyen
afirmando el placer que otorga la conquista del
objeto de deseo.
Si entre el deseo y la realidad hay elementos
que impiden obtener lo que se anhela, sea la
historia, la religión, la sociedad o la economía,
la voluntad del alma deseante convoca a
superar esas prevenciones. En el sistema éticopoético
de María Ruiz Faro la realidad es
terrenal, en todas sus manifestaciones, y su
consigna es el logro de la felicidad, el goce.
En algún momento de la vida, sin embargo, el
engaño ofrece fantasmas de la felicidad
deseada, el yo poético entonces carga contra
ellas. Conjura contra la duda o la indecisión,
porque sabe que admitirlas es una condena que
puede llevar al vacío, la violencia y la
destrucción.
Con la lucidez que da el conocimiento, María
Ruiz Faro saluda el reino de las emociones y los
sentimientos por medio de metáforas e
imágenes que defienden la felicidad perdida en
el materialismo del mundo en que se vive.
Una sutil ironía crítica, y una audaz
concepción del Instante, aparecen
transgrediendo la tradición recibida, la falsa
armonía entre el Ser y el Deber, para privilegiar
el valor del deseo.
En conjunto, estos poemas nos invitan a que
tengamos, como diría Borges, “una ocasión
para la belleza.”
Autora: Susana Jákfalvi-Leiva

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